Welsungsraum

"Hazte fuerte en los viejos sueños para que nuestro mundo no pierda la esperanza". Ezra Pound "Ich lehre euch den Übermenschen. Der Mensch ist Etwas, das überwunden werden soll. Was habt ihr getan, ihn zu überwinden?". Nietzsche

jueves, mayo 04, 2006

La realidad, desde nuestra alma 6


II.3 La sombra.

El aspecto con el que menos nos atrevemos a lidiar es con la sombra. El inconsciente no sólo contiene todas las fuerzas vitales de la humanidad; al ser también herencia de toda ella incluye las características de todo lo perverso, cruel, traidor, despiadado, etc., que los hombres han podido ser desde que la humanidad existe sobre la Tierra. Por ello, en nuestro propio interior se encuentran las potencialidades tanto para la creación como para la destrucción. Pareciera que lo correcto es huir y cerrar las puertas a la influencia de ese aspecto de la humanidad que nos rodea y que también tiene su semilla en nuestro interior.

Sin embargo, las evidencias históricas demuestran que el tratar de negar las características obscuras de los individuos y las sociedades no ha hecho más que exacebar la fuerza de lo destructivo. Así vemos que en el seno de las comunidades más puritanas se producen los crímenes más atroces, que muchos de los más depravados asesinos son religiosos enfermizos que tratan de apagar toda luz de posible obscuridad o tentación de caer en el “pecado”. Aún el más abstemio y célibe de los religiosos o moralistas puede un día determinado “perder el control” y golpear o asesinar a su propia familia. Cerrar las puertas a aquello que le tememos no es más que tenderle una invitación para que algún día eche abajo las puertas que hemos acerrojado, e invada nuestra vida con la mayor cólera y llenándola de destrucción. Mientras más nieguen las sociedades y los individuos la existencia de los instintos como la sexualidad, la violencia, etc. Mayor es el peligro de que esa sociedad genere conductas agresivas y sexualmente aberrantes. Por otro lado, no es la abstinencia sexual la que salvará nuestra alma. Vemos en el Parzival de Wagner que a Klingsor de nada le sirve castrarse para entrar en la comunidad de los caballeros custodios del Grial. No es la negación la respuesta, por el contrario la negación sólo empeora las cosas.

No significa esto que debemos permitir que estas energías tomen el control, de ninguna manera, el camino que buscamos es el que lleva a un control de toda nuestra casa psíquica, de todo nuestro ser. Claro que hay que recordar que no es éste, mi yo cotidiano, el que podrá tomar el control sino que ese centro virtual que tenemos que construir: el Sí mismo, el Selbst. Pero entonces, bajo esa premisa, lo que tenemos que hacer es tratar de sublimar nuestros instintos, domarlos, hacerlos trabajar a favor de nuestro proyecto de vida. Esto que es muy fácil de escribir, es muy difícil de realizar. Claro, por principio a nadie le gusta aceptar que pueda existir la menor semilla de aquello que abominamos en nosotros mismos, pero es que ¿no somos humanos? No podemos negar que así como amamos de la forma más sublime, también somos capaces de odiar de la forma más terrible. Pero debe depender de nosotros el dar rienda suelta a los estados de ánimo, a esa energía que fluye desde lo prfundo de nuestro ser. Es nuestro deber para con nosotros mismos el ser capaces de bajar a las alcantarillas de nuestra “ciudad psíquica” y oler el ambiente que se vive allí. No nos quedaremos más de lo necesario, echaremos sólo un vistazo y cuidaremos que lo que tiene que fluir allí, lo haga eficientemente. Al volver del infierno, tal como en las distintas mitologías deben hacer los Dioses y héroes, volveremos fortificados, podremos erguirnos, aún desde nuestros más bajos fondos, para alcanzar alturas impensadas. Por que para que la copa de unárbol toque el cielo, sus raíces deben hundirse en el infierno.

Los pueblos antiguos sabían bastante de estas cosas y celebraban a sus deidades de la fertilidad, del éxtasis en diversos carnavales que permitían relajar esas energías y así aprovecharlas para una mejor realización del individuo y la sociedad. Es con la llegada del cristianismo que todo eso se perdió. El dios cristiano tiene el defeto de poseer sólo un faz, es cojo en el sentido de que no es capaz de dar justificación ni utilidad a los instintos. Por culpa de él, todo lo que fuera instinto, naturaleza, fue repudiado y se produjo la castración en masa de Occidente. Lo que eso acarreo lo sabemos todos: la inquisición, las quemas de brujas, herejes, etc. El dios unilateralmente luminoso encendió hogueras por todo el horizonte cristiano, la naturaleza y una de sus creaciones más poderosas, la energía sexual, fue reprimida, odiada, al punto de que nuestra sociedad aprendió a destruirla hasta en sus cimientos, y así vemos hoy que toda la Tierra está siendo dstruida en aras de una supuesta higiénica, moral y muy ética civilización, misma que permite que cientos de niños mueran de hambre, mientras que otros engordan hasta morir.

La negación del lado obscuro de la vida nos ha llevado a convertir los funerales en verdaderos shows, a los muertos se les entierra rapidito para que no molesten nuestra permanente fiesta, a pretender que somos inmortales, a alargar la infancia hasta los treinta y más años, eludiendo toda responsabilidad. Sin el abismante rostro de la muerte, la pobreza o el hambre, la vida se ha convertido en un eterno gozo sin límites. Pero como hemos dicho, la energía del lado obscuro no se puede eliminar y está siempre a la vuelta de la esquina para saltarnos encima convertido en pandillas, barras bravas, asesinos psicópatas, guerras, etc.

En lugar de pretender que los humanos somos poco menos que ángeles y que no odiamos, deseamos, etc. Lo correcto sería crear las instancias para que esas energías se canalicen. Vida rural, al aire libre, donde existan ideales de superarse a sí mismo en un enfrentamiento real y no virtual con las fuerzas de la naturaleza. Juegos de competencia, donde se puedan desahogar las ansias de soltar las energías propias de la juventud, etc. Pero qué es lo que ofrece la sociedad ahora: se les dice a aquellos jóvenes que tienen edad para crear, procrear, construir y ser héroes, que deben reservarse para después, siempre después. Que primero logren una estabilidad laboral y económica que nunca llegan, que la realización profesional que nuca se concreta porque no hay trabajos suficientes, etc, etc. ¿Y qué obtiene la sociedad? Jóvenes que andan buscando el peligro, jóvenes que pierden sus vidas en las drogas, en el sexo a destajo, simplemente porque nadie les ha enseñado a tratar con ese lado obscuro de ellos mismos que todos se empeñan en negar. Jóvenes sin guía, sin ideales, sin metas, en una sociedad chata, que no anhela ni siquiera la maldad.

Por último, en un supremo esfuerzo por negar lo evidente, las sociedades modernas se auto colocan en un sitial de alta moralidad y claridad, y para explicar la existencia de lo que ellos rechazan, buscan siempre a un chivo expiatorio de turno. En la edad media eran las brujas y el diablo las causas de todos los males, en el siglo XX eran el nacionalsocialismo (eterno y lucrativo chivo expiatorio), o el marxismo según conviniera más, hoy es el Islam. De más está decir que nadie es totalmente perverso y nadie es totalmente bueno, la gran diferencia está en la calidad de los seres que cada sociedad es capaz de crear, en la capacidad de generar seres superiores, dueños de sí mismos, capaces de aceptarse y dominarse en todos sus aspectos, hombres totales, super hombres. Desde ese punto de vista, la actitud histérica de occidente (aunque ya no es ni la sombra del occidente clásico), no puede hacer sino producir un contra flujo de las fuerzas naturales, que llegará a borrar toda vida sobre la Tierra, si no se detiene antes.

La sombra que avistamos temerosamente desde nuestro dormitorio en la noche, tal vez no sea más que una causa inocente deformada por la maldad que habita en nuestro propio interior.


continuará


Welsung

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