Welsungsraum

"Hazte fuerte en los viejos sueños para que nuestro mundo no pierda la esperanza". Ezra Pound "Ich lehre euch den Übermenschen. Der Mensch ist Etwas, das überwunden werden soll. Was habt ihr getan, ihn zu überwinden?". Nietzsche

martes, junio 20, 2006

La realidad, desde nuestra alma 11


III.1 Derribando mitos.

Después de comprobar que existimos, y que además existe todo un rico mundo en nuestro interior; de ver que existen cosas que vemos y otras que actúan desde las sombras de nuestro ser, tenemos que avocarnos a la realidad que nos rodea. En este momento tenemos que atestiguar además, que existen alrededor nuestro cosas que son profundamente reales, naturales, que existen por sí mismas, y otras que son artificiales, pasajeras, cuestiones de moda más o menos extendida en el mundo que bulle en nuestro entorno.

Para buscar el verdadero camino, tendremos que ir eliminando todo lo superfluo, para ir descubriendo aquello que es intensamente e irrefutablemente real; ir desechando todos aquellos elementos que son contingentes y que no tienen más importancia que una brisa pasajera.

Comezaremos con algo vital, nuestra pertenencia a la comunidad que nos rodea.

Cuando decimos que somos chilenos, argentinos, peruanos, etc., no estamos dando una verdadera definición de nuestra realidad. Para el caso de los países hispanoamericanos y también para algunos países europeos, mucho más para los estadounidenses, el hablar de una nacionalidad puede no pasar de un accidente geográfico. En Chile, por ejemplo, es chileno cualquier persona que nazca en este país, aunque su familia no haya estado más de cinco minutos en nuestro territorio y no comparta ni siquiera el lenguaje medio. Por otro lado, el territorio que define la nacionalidad es una cuestión arbitraria; ha cambiado con la historia y muchas veces no coincide con realidades etnicas o culturales.

De hecho, aún los más patriotas tendrían que aceptar que la realidad de los países tal y como los conocemos hoy en día, son la consecuencia de una moda burguesa y masónica imperante en los años posteriores a la Revolución Francesa, cuando era muy bien mirado andar fundando repúblicas por todos lados. La base de esta moda estaba en la pretensión filosófica de que las comunidades humanas no son más que convenios, contratos sociales, como diría Rousseau. Por lo tanto cualquier grupo humano puede darse una legalidad e institucionalidad, definir un territorio en base a acuerdos o conquistas y de ahí para adelante formar un país.

Supuestamente este modelo liberal, republicano, es el germen de una sociedad justa y humana, en el sentido actual del humanismo. Sin embargo, revisar la historia de las formaciones de las repúblicas es asistir al catastro de todas las etnias que han desaparecido, de todas las comunidades étnicas y culturales ancestrales que han desaparecido en pos de este nuevo ideario republicano. Ciertamente podemos culpar al cristianismo, a las ambiciones de los europeos, al racismo(estilo anglo), que arrasaron con los pueblos llamados originarios en América. Pero detrás de todas esas fuerzas latía pujante, brioso y asesino, el desprecio por las razas, por su especificidad, por sus derechos, por su singularidad esencial. Todo en beneficio de un supuestamente superior ideal burgués, legal, institucionalizado.

Pero no sólo los pueblos americanos sufrieron el azote de esta idea. Los países europeos también pueden dar cuenta de esta manipulación de sus realidades, y desde mucho antes en la historia. La mejor muestra de esto es el desmembramiento de países artificiales como Yugoslavia, la verdaderas guerras civiles que han enfrentado al sur y el norte de Francia, desde el enfrentamiento entre Francos y Visigodos hasta la Francia libre y colaboracionista de la Segunda Guerra Mundial; la particular y difícil situación de la unidad de España e Inglaterra, etc. Para qué hablar de los países que se inventaron con el cristianismo, el cual arrasó con cientos de miles de personas que no querían aceptar esta idea extraña en sus tierras. Ellos fueron quemados, asesinados, y sus tierras tomadas por los poderosos del momento para constituir ducados, condados, etc, que en general agrupaban a la gente más disímil sólo para la grandeza de algún aristócrata ricachón que podía pagar a los mercenarios que lo mantenían en el poder.

He aquí entonces que nos enfrentamos a una dura realidad, mi nacionalidad no me define, mi nacionalidad es artificial y el concepto mismo fue inventado por una idea burguesa, apoyada por un interés de poder de grupos que financiaron las revoluciones contra los poderes monárquicos a fines del siglo XVIII.

¿Qué es real entonces, quién soy yo? ¿importa saber a qué agrupación humana pertenezco?

La respuesta primera es que sí, importa saber la agrupación humana a la que pertenezco pues no somos esporas que aparecen por arte de magia en el mundo. Cualquier biólogo y o psiquiatra honrado les dirá que cada uno de nosotros es más sus antepasados que el ambiente que los rodea. No se dejen engañar por la moda ambientalista que surgió para negar al Nacionalsocialismo. Quiéralo o no, la ciencia día a día reecuentra el valor de la herencia genética. De no ser así, ¿por qué los esfuerzos por la vía de la ingeniería genética y no por la ingeniería social? Porque en el fondo los que manejan el poder saben que para mejorar a una persona humana, hay que mejorar su genética. El medio trabaja sobre esta base, no sobre el vacío, como lo haría una divinidad mitológica.

Si conozco mi herencia, conoceré la base de mis comportamientos psicológicos, de mi estructura corporal, de mis capacidades, etc. Somos animales, somos entidades biológicas, lo queramos o no. Con todos nuestros discursos modernistas, igualitarios, místicos, etc. No podemos evitar que las mismas leyes que rigen para los caballos, leones, monos, etc, rijan nuestra realidad físico-biológica. Lo demás es ceguera antropocentrista , una moda que le da dinero y poder a ciertos grupos oligárquico y nada más. De ahí la importancia de conocer qué soy. Lo que haga con esta herencia definirá quién soy.

En el próximo capítulo veremos cómo definir la respuesta a la pregunta de quién soy.

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