Welsungsraum

"Hazte fuerte en los viejos sueños para que nuestro mundo no pierda la esperanza". Ezra Pound "Ich lehre euch den Übermenschen. Der Mensch ist Etwas, das überwunden werden soll. Was habt ihr getan, ihn zu überwinden?". Nietzsche

domingo, agosto 13, 2006

Acostumbramiento


Las víctimas libanesas de los crímenes de guerra que ha cometido la entidad sionista ya superaron el número de mil. Van ya cuatro semanas de ataques cobardes. El tiempo ha pasado. El tiempo, según pretende la entidad sionista, es el mejor aliado para consolidar sus posiciones.

Han pasado casi sesenta años desde la partición de Palestina. La entidad sionista ocupa hoy un territorio de una superficie de más del doble que entonces obtuvo de su brazo mundial. Después de sesenta años ya son pocos los que recuerdan los límites establecidos por la ONU; sólo se tienen en mente los límites que se han visto y, claro, para alguien de 20 años de edad, seguramente debe tener en mente (y considerar como legítimos) los límites que hoy aparecen en los mapas.

Y si tan sólo se tratara de mapas… Pero hay cientos de miles de hombres y mujeres, de toda edad y condición, que debieron abandonar sus tierras, su cultura y su historia para salvar el pellejo (privilegio de algunos). Todos esos desplazados de modo forzado, viven en otros países, en territorios que no son parte de su patria. Deambulan como fantasmas, pues su espíritu sigue merodeando, penando, en Palestina.

Mientras tanto, la entidad sionista sigue expandiendo sus límites, apelando al tiempo para cansar a sus vecinos. Jordania hace años renunció a la ribera occidental del Jordán (Cisjordania); Siria hace décadas que no recupera las alturas del Golán; Líbano seguramente deberá ceder una franja de veinte o treinta kilómetros, o lo que los sionistas consideren adecuado, en su territorio meridional.

Pasa el tiempo y las personas se acostumbran. El acostumbramiento permite sobrevivir. Pero, en ocasiones, sobrevivir sin dignidad no es posible.

Han muerto más de mil libaneses, civiles indefensos y sin preparación militar. De ellos, más de trescientos son niños y niñas. “¡Qué terrible!”, podría exclamar alguien de buen corazón. Pero es terrible sólo en teoría, es sólo un número.

Imagine, desocupado lector, una fila de más de trescientos cadáveres de niños, semicubiertos por mantas y frazadas. Imagine los pequeños cuerpos uno al lado del otro. ¿Terrible?









Tal vez no tanto, son tan numerosos que los detalles se pierden. Haga un zoom, estimado lector, mire “sólo” los cincuenta primeros cadáveres. ¿Estremecedor?
















Un poco más que antes, pero su mente aún sigue funcionando con normalidad. Por favor, un nuevo zoom. Mire los cinco primeros cadáveres. Ahora un leve estremecimiento recorre su alma. Son distinguibles algunos detalles en los cadáveres, algo de la identidad de cada uno de esos niños y niñas emerge desde esas imágenes. ¿Es suficiente?



No. Concéntrese, atribulado lector, sólo en el primer cadáver. Obsérvelo, vea los detalles. ¿Era un niño pequeño o grande? ¿Alto o bajo? ¿Su cabello era rizado o liso? Mire a los ojos de ese niño, mire y vea los sueños truncos, cortados definitivamente porque algún teórico en Tel Aviv, o en Nueva York, consideró que el territorio que dispone la entidad sionista le resulta demasiado estrecho. Mire esos ojos que ya no miran, pero que acusan. Mire las manos que ya no construirán pequeñas historias con juguetes y muñecas. Mire los pies que ya no correrán.

Algún teórico en Tel Aviv, o en Nueva York, considerará lo acontecido como un “beneficio marginal”, ya que los niños que se crían bajo el terror israelí podrían, probablemente, transformarse en militantes de Hezbollah o de Hamas al pasar a la adolescencia (recomiendo ver en HBO [¡sí, en HBO!] el documental canadiense “Hamas behind the mask”).

Mire a ese pequeño cadáver en la foto, que hoy debe descomponerse en una fosa común cavada apresuradamente, y luego mire a sus propios hijos, si los tiene, o a algún niño que conozca… porque probablemente Ud. debe conocer al menos a un niño.

Ahora Ud. va comprendiendo qué quiero decir. No se trata de números en un papel.

No se acostumbre a ver niños muertos.


Hoffmann

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