Welsungsraum

"Hazte fuerte en los viejos sueños para que nuestro mundo no pierda la esperanza". Ezra Pound "Ich lehre euch den Übermenschen. Der Mensch ist Etwas, das überwunden werden soll. Was habt ihr getan, ihn zu überwinden?". Nietzsche

sábado, septiembre 23, 2006

La realidad desde nuestra alma 15


III.5 La actitud ante la divinidad:

Con este capítulo termino los escritos referentes a la recuperación de la esencia de nuestra estirpe. Los siguientes escritos se referirán a la situación contingente. El análisis de la realidad que afecta directamente a nuestras vidas desde el mundo de la política, de la economía, etc., pero sin perder el rumbo de los escritos.

Vamos ahora a la pregunta más complicada respecto a la realidad que nos rodea desde el punto de vista de lo trascendente. ¿Cuál es la actitud correcta frente a la divinidad? Y con ello me refiero a la relación que debemos guardar con ella, el nivel y carácter del diálogo con ella.

La actitud que más conocemos y que abunda en el mundo que nos rodea es la del tipo transaccional o mercantil: Si me porto bien (eso quiere decir según los cánones de la divinidad en cuestión), recibiré ciertos favores por parte de ella. Si no me porto bien, entonces esa divinidad puede vengarse en mí o en los que yo amo. O, en otras versiones, algún principio oscuro (divinidad al fin y al cabo), puede aprovechar mi alejamiento del bien para los tenebrosos planes que guarda para el mundo.

Sin embargo esa actitud que es buena para un primitivo humano hundido en un bosque, cuya psiquis aún no se despega totalmente de inconsciencia del universo, no puede ser mantenida más. Nosotros, hombres modernos y además, arios que vamos (o íbamos), a la delantera de la individuación, de la creación del Hombre como Ser Total, dador de consciencia a la realidad, debemos abandonar esta actitud transaccional, mercantil de ver a la divinidad.

Por otro lado, no somos inocentes y sabemos que este sistema nunca ha funcionado así, con esa simpleza con que se presenta. Como ejemplo se puede citar un texto que aparece en el libro de Mircea Eliade “Historia de las ideas religiosas”, texto conocido como el Eclesiastés babilónico o “Diálogo acerca de la miseria humana” escrito hace como tres mil años atrás:

"En cuanto a mí, ¿he olvidado los sacrificios? -No. He rezado a los Dioses. He presentado los sacrificios prescritos a la Diosa". Desde su niñez, este hombre justo se ha esforzado por comprender el pensamiento de Dios, ha observado a la Diosa humildemente y píamente. Sin embargo “la divinidad ha dado escazes en lugar de abundancia". Por el contrario, es el malvado, el sin Dios, quien ha adquirido riqueza. La gente "escucha la palabra del hombre prominente, experto en asesinatos, pero desprecian al humilde que jamás ha cometido violencia alguna". El malhechor es justificado, el hombre recto es puesto aparte. Es el bandido el que recibe el oro, mientras el débil es dejado morir de hambre. El hombre torcido es fortalecido, el débil y casto debilitado aún más.”

Por otro lado sabemos que los atenienses morían ante la estatua de Atenea cundo más la necesitaban, incluyendo a Pericles. En la Edad Media los europeos morían por cientos de miles durante la peste mientras portaban las figuras de sus santos y vírgenes. ¿Qué indica esto? Uno podría tomar el camino de que la divinidad no existe, que no es más que un cuento de viejas para ayudar a los niños a entender el mundo que les rodea. Sin embargo, sabemos que si bien nuestros antepasados erraban en el cómo, no estaban equivocados en el sentido de la Gran Ansia: la Divinidad. Tal vez soy un poco budista en este sentido, creo que la Divinidad se encuentra en el principio y en el final de la vida humana, mirando desde lejos, demasiado como para intervenir, cómo nosotros, parte de su ser que se mueve en el hacer, damos la batalla que decide el destino de ambos. En ese sentido, me parece acertada la mitología nórdica en que todo el devenir se encierra entre el momento de la creación del orden del mundo por los Dioses y la reaparición de los dioses jóvenes en el campo de Ida, donde encuentran las fichas con que se jugaba aquél juego del que nadie sabe su naturaleza, pero que era lo que jugaban los Dioses antes de saber nada respecto del mal. Estos Dioses jóvenes ya no son iguales a los antiguos, porque ahora "saben".
Toda la historia se vuelve un medio para dotar a la divinidad de conciencia, para ello debe enfrentarse con su lado obscuro, que ni siquiera sospecha. Pero esta es la historia también del hombre, el hombre que recorre todo el camino, hasta el final y que no se queda varado en la admiración del momento o de la fuerza de lo divino.

La razón por la cual escogí el nombre de Welsung está relacionada con la comprensión de este destino. Efectivamente, en la canción Welsunga, sobre todo en la versión Wagneriana, aparece una nueva visión: Todo comienza con lo divino (El oro del Rhin), poco a poco la acción se vuelve más y más humana hasta que llega el momento del Héroe Welsungo, Siegfried. Es él quien es capaz de enfrentar al progenitor de su estirpe, porque lo ha superado, es él el que ha conseguido lo que el Dios no puede, porque (lo dice Wothan), todo debe ser hecho por el Héroe sin ayuda alguna (de ahí la muerte de otro modo inexplicable de Siegmund). Sin embargo en su acción, el Héroe (sin saberlo), ha redimido a la Divinidad, ha cumplido la misión de dar a la Divinidad un sentido y una historia.
Claro que la última parte nos advierte de lo que Jung llama el Hybris. Siegfried ha ido más allá de lo que le correspondía, no ha averiguado o entendido el verdadero sentido del anillo y por ello se vuelve a mezclar en el mundo de los hombres, donde la corrupción original ha extendido su brazo y es atrapado por su inocencia. Digamos que aún a Siegfried todavía le faltaba la perspicacia necesaria para no dejarse engañar por Hagen. Sin embargo, eso era en los tiempos de Wagner, pero hoy en que hemos perdido una Guerra Mundial, ya sabemos y no deberíamos ser sorprendidos.

Así, los guerreros de hoy estamos en una situación envidiable, estamos solos, perdidos después de una derrota aplastante, pero aún somos los descendientes del Dios que creó nuestra estirpe y por ello podemos y debemos seguir combatiendo “aunque el mundo se venga abajo”. Pero lo más importante, y de ahí nuestra ventaja, es que sabemos y podemos ser conscientes de lo ocurrido. Hoy como nunca antes en la historia de la humanidad, la sangre aria es consciente de sí misma y es consciente de que nuestro Grial es el legado de nuestros pueblos que está escrito en todos los mitos, hechos y leyendas desde el Polo Norte, hasta el Valle del Indo.

Hoy es la hora del Héroe, hoy es el tiempo de decir “Yo soy mi Ley”, lo que es diametralmente opuesto al libertinaje del hombre hormiga, del pulgón nietzschiano que infecta esta sagrada Tierra.

Adelante, Guerreros de Wothan, adelante Hordas Furiosas del Führer. Él volverá, pero en nosotros, su sangre, su carne.

Welsung

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