Welsungsraum

"Hazte fuerte en los viejos sueños para que nuestro mundo no pierda la esperanza". Ezra Pound "Ich lehre euch den Übermenschen. Der Mensch ist Etwas, das überwunden werden soll. Was habt ihr getan, ihn zu überwinden?". Nietzsche

martes, septiembre 05, 2006

IN MEMORIAM


(González von Marées cuando era El Jefe)
Han pasado ya 68 años desde que se produjera la así llamada Matanza del Seguro Obrero. Un hecho abominable, una masacre horrible, la manifestación de las cualidades más bajas y sórdidas del mestizo chileno, cruza de español y pikunche.
Para nosotros, nacionalsocialistas, nada hay de celebración en esta conmemoración. Nada luminoso salió de ese hecho de sangre. El Movimiento Nacional Socialista de Chile, fundado por Jorge González von Marées el 5 de abril de 1932, no pudo rehacerse de ese golpe criminal. Seguramente era eso lo que se buscaba, en el gran tablero de ajedrez de la estrategia mundial. Era riesgoso para el poder mundial de entonces (que es el directo antepasado del poder mundial de hoy) que en el cono sur de América se consolidara un polo nacionalsocialista. Había que destruirlo antes que fructificara.

Hoy recordamos una vez más a los 57 militantes del MNS, asesinados, masacrados con saña espantosa, pero no inédita en nuestra historia, ni antes, ni después de 1938. Hay que recordar que sólo uno de los militantes murió durante los combates; los demás fueron asesinados una vez rendidos, mediante un modus operandi visto en demasiadas ocasiones a manos de los encargados soviéticos y occidentales, de prisioneros alemanes y de sus aliados. Podrá ser un proceder pavoroso, pero fue efectivo.

Así, el MNS desapareció de la escena en 1938. No hubo un resurgir de las cenizas, como en la Alemania posterior al Putsch de 1923, al menos mientras eso era materialmente posible.

Después de 1945 el poder militar y policial de los amos del mundo ya era incontrarrestable, el Nacionalsocialismo ya no podía ser más una fuerza política. Sólo en algunos pocos lugares se toleró la existencia de ex combatientes que no abjuraron: España, Argentina, Siria, India, Brasil, Egipto, Chile y casi en ningún lugar más. Pero ahora se trataba de mera supervivencia, ya no más un levantarse una vez más contra el gran poder del dinero y del sionismo.

Periódicamente, además, los jóvenes nacional socialistas de 1938 son masacrados otra vez. Una y otra vez. A veces por parte de la prensa, que no posee interés por conocer cómo era el mundo y Chile en 1938, mirando todo desde la perspectiva chata y simplona de hoy, de un hoy que se va haciendo cada vez más chato y simplón. Una mirada idiota.

Han sido vueltos a asesinar, además, por una escuálida miríada de pequeños líderes, a lo largo de los años transcurridos desde 1938, que han buscado subirlos a sus propios carros, hacerlos marchar al compás de marchas y canciones que ellos no cantaron.

También fueron vueltos a asesinar por muchos de sus ex camaradas, reconvertidos a la democracia de los partidos políticos. ¿Qué más se podría esperar, si el mismísimo Jefe, el hombre por el cual los fervientes nacional socialistas estaban dispuestos a hacer los mayores sacrificios, finalmente terminó militando en el Partido Conservador, el mismo del asesino directo de sus jóvenes seguidores?

No sólo en Chile, también en otros países y, principalmente en Alemania, el Nacionalsocialismo fue visto como un asunto meramente político. Y estuvo muy bien que así haya sido. Públicamente, Hitler señaló que el Nacionalsocialismo siempre debería estar formado por una minoría probada y fanática. Las mayorías corrompen, están llenas de oportunistas, de arribistas.

Hoy, a 68 años de distancia, sólo podemos recordar a esos estudiantes y trabajadores nacional socialistas como lo que fueron, y no como lo que muchos quisieran que hubiesen sido. Fueron guerreros traicionados por sus mandos y por sus enemigos, que cayeron buscando un Chile justo y viril. Y lo que de allí se desarrollara, el acorde que se pudiera interpretar en la gran sinfonía que se estaba dirigiendo desde Alemania.

Hoy los recordamos con el respeto que se merecen.

Hoffmann

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