Welsungsraum

"Hazte fuerte en los viejos sueños para que nuestro mundo no pierda la esperanza". Ezra Pound "Ich lehre euch den Übermenschen. Der Mensch ist Etwas, das überwunden werden soll. Was habt ihr getan, ihn zu überwinden?". Nietzsche

sábado, abril 21, 2007

VEINTE DE ABRIL


Veinte de Abril. Los años siguen pasando, los hombres van envejeciendo, nuevas generaciones surgen desconectadas del pasado más próximo, gracias a la eficiente máquina de descerebración que en forma progresiva va eliminando la disidencia. A pesar de ello, y a pesar de la propaganda de guerra, firmemente asentada en el consciente colectivo de la humanidad occidental, siguen apareciendo, porfiadamente, nuevos nacionalsocialistas.

Veinte de Abril. Fecha de festividad nacional alemana hasta 1945. Desde entonces, fecha sagrada para los nacionalsocialistas de posguerra, muchos de ellos no alemanes. El tiempo ha seguido su curso inmutable, matando a los veteranos de guerra, envejeciendo a los niños de todo el mundo que escuchaban las emisiones radiales alemanas, o que asistían al cine sólo para ver las noticias alemanas de guerra, con la esperanza menguante del triunfo final.

Pero el mito no tiene tiempo. El mito del siglo XX, el mito de la sangre y el mito del Führer requieren expresarse en el mundo concreto, el en duro mundo de los hechos. Nosotros somos la expresión de ese mito, nosotros somos los leales, los que deben levantarse todos los días desde la derrota final en Berlín, en mayo de 1945. Sesenta y dos años desde entonces, pero a pesar de todo, a pesar de la persecución, de la estigmatización, de la propaganda sin contrapeso, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, nacionalsocialistas de cien países del mundo detienen por un día su tiempo para evocar a aquel Führer que señaló el camino, con la fuerza de un relámpago.

Él indicó aquello que era esencial. Él dijo las palabras verdaderas: raza, honor, dignidad, naturaleza, verdad, lealtad y trabajo.

Un nuevo período se inicia. Las manos volverán mañana a empuñar las armas y las herramientas, los cerebros volverán mañana a proyectar y a imaginar. Pero hoy no; para nosotros, hoy es un día distinto a todos los demás.

Nosotros somos el último batallón, porque nosotros somos los únicos que, por el momento, somos capaces de seguir enfrentando al enemigo. La Wehrmacht se rindió sin condiciones, simplemente porque desde el punto de vista de la factibilidad militar, la guerra ya no era posible. Pero ni el Partido ni el Reich firmaron una capitulación, porque una idea no se rinde. Nosotros somos la expresión de la idea, en cien países; nuestras epidermis son el frente y las trincheras; nuestros corazones son los cañones y las granadas; nuestros cerebros son los aviones y los tanques; nuestras voluntades son las armas invencibles que plasmarán un futuro victorioso.

Y cuando llegue ese día, de las cenizas de la decadencia actual, nuestra voluntad levantará un mundo puro y fuerte, bello y sano.

Heil unserm Führer!


Hoffmann

jueves, abril 19, 2007

20 de Abril


Nuevamente es 20 de Abril, el cumpleaños de nuestro amado Adolf Hitler, el último Führer de nuestra Raza Aria. Nuevamente me encuentra en medio de actividad febril que apenas me permite sentarme a reflexionar. ¿Cómo no? ¡¡si de eso se trata esta guerra!!


No estamos en condiciones de periodos en que se permitan licencias para volver detrás de las líneas y sentarnos a mirar el campo de batalla desde una perspectiva superior. El ataque enemigo es brutal y sin tregua, estamos aislados de nuestro comando y sólo sabemos que tenemos que seguir combatiendo. Tratar de seguir solos es aterrador y cualquier intento de organización es rápidamente detectado por el enemigo. No hay estrategia más que sobrevivir.


En medio de esta situación desesperada, sólo la imagen de Hitler nos mantiene en pie, su ejemplo y valor, su porfiada lucha contra todo y contra todos, su inquebrantable voluntad de llevar adelante su sueño. Sin duda que Hitler es el gran héroe de nuestra época.


Hitler tiene todos los ingredientes de un héroe wagneriano. De hecho podríamos trazar un paralelo casi perfecto entre la historia de Rienzi, aclamado y llevado al poder por el pueblo:


"¡Rienzi, gloria a ti,tribuno del pueblo!¡Los romanos libres te rinden juramento! Te juramos que Roma será tan grande y libre como antes era. ¡De la opresión y la tiranía la protegeremos hasta nuestra última gota de sangre! ¡Muerte y destrucción juramos contra el malvado que atente contra el honor de Roma! ¡Resurge un pueblo nuevo,tan grande y augusto como el de sus antepasados"




y luego traicionado y desconocido por los mismos que lo aplaudieron a rabiar:



¡Por aquí! ¡Por aquí! ¡Venid con nosotros! ¡Traed piedras! ¡Traed fuego! ¡Está maldito, está excomulgado! ¡Destrucción y muerte para él! ¡Arriba, honrad el supremo mandato de la Iglesia!



No en vano fue Rienzi, según la historia de su amigo de juventud Kubizek, la obra que lo iluminó.


Pero, y a pesar de mi admiración por Savitri Devi, no puedo endiosarlo, no puedo considerarlo una divinidad y es que creo que eso le quitaría valor a su figura. Hitler era un hombre, un hombre grande, tal vez el más grande en los últimos milenios, pero no un dios.


Lejos de mí las genuflexiones, las oraciones, peticiones, y todo tipo de trato mercantilista con la supuesta divinidad que más me recuerda a las religiones semíticas. Sería el mismo error que comete el budista medio, que ha convertido a Buda en una especie de dador arbitrario de dones, omnipotente, inescrutable, celoso, vanidoso, la típica imagen del Yahvé judaico.


Cierto que Hitler pudo encarnar, como nadie más lo ha hecho, el principio del Führer, cierto que en él vibró el espíritu del mismo Wothan e incendió el cielo con su fuego, pero la lección que nos dio es que todos los arios podemos llamar a esa fuerza que vive en nosotros. Porque como los antiguos germanos lo hacían, las historias de los Dioses arios debemos entenderlas como las historias de nuestros antepasados, las historias que se viven en nuestro interior día a día. Y como Wagner lo dice claramente, el héroe Sigfrido no puede recibir ayuda de parte de la divinidad, él y sólo él puede volver a forjar a Nothung, que es su herencia por derecho de sangre.


El Führer volverá cuando nosotros, su pueblo, lo merezcamos. Cuando nosotros seamos capaces de crear en nosotros mismos al superhombre, al hombre de la voluntad total. Sólo entonces, cuando estemos preparados, seremos capaces de provocar la nueva encarnación del Führer, que seremos nosotros mismos.


Por ello ningún intento político, social o pseudo místico podrá reorganizar a nuestro pueblo. Ninguna ceremonia esotérica nos puede dar lo que es nuestra responsabilidad crear.


De todos modos estamos seguros que Él volverá. Como al final dice Rienzi:


¡Terrible ironía! ¿Cómo? ¿Esta es Roma? ¿Queréis destruirme? ¡Escuchad mis últimas palabras! ¡En tanto que existan las Siete Colinas de Roma! ¡En tanto que no perezcala Ciudad Eterna, veréis regresar a Rienzi!



Escuchemos a nuestra sangre: ¡Terrible ironía!, ¿ésta es Germania? ¡Mientras fluyan las aguas del sagrado Rhin, mientras los Alpes existan, mientras los Andes se empinen hacia el cielo, veremos regresar al Führer.



Heil Hitler !!

Heil dem Führer !!

Sieg Heil !!
Welsung

sábado, abril 07, 2007

La realidad desde nuestra alma 25




V. La vuelta al interior

V.1La Nostalgia:

Si hay una enfermedad que todo nacionalsocialista sufre es, sin duda, la nostalgia.

Uno ve nostalgia en todas partes. En los bares de Karaoke se puede ver a los que fueron jóvenes hace ya veinte años, tratando de recuperar una vida que no saben cuándo la perdieron, una vida que se esfumó como el humo de los cigarrillos que se consumían sin cesar en las discos de la época. Incluso he visto llorar a más de alguno.

Esa es una nostalgia entendible, una juventud que se fue, una libertad que se malgastó, la renuencia a ser viejo. Es la misma nostalgia de los más viejos que lloran al son de un tango y de la pebeta que se marchó. Como la rubia Mireya que ahora está tan vieja que uno no quisiera volverla a ver y que ya no entendemos cómo provocó tanta pasión.

También hay nostalgia en las antiguas visiones europeas del paraíso. Basta leer a Milton para beber en la nostalgia profunda. En este caso se trata de una nostalgia que tiene que ver con el mundo original perdido, el mundo antes que el ser experimentara el devenir. Es nostalgia de un mundo idílico que no vivía, que no era, en el sentido de existir luchando día a día entre la luz y la obscuridad. Era un mundo tan pero tan luminoso que los sentidos embobados no eran capaces de sentir nada, nada era aprehendido en todo su verdadero ser, porque no se "sufría".

Pero de la nostalgia que nosotros los nacionalsocialistas hablamos es distinta pues no se trata de añorar un tiempo o época que hayamos vivido, tampoco se trata de añorar un idílico mundo en que vivamos en un eterno sueño bobo.

Nosotros los nacionalsocialista añoramos lo que no vivimos, la posibilidad de morir en un heroico, y fugaz esfuerzo por vivir lejos del estado de estupidez y aletargamiento que nos envuelve hoy.

¿Quén de nosotros no daría lo que fuese, dinero, familia, salud, etc., por ser transportados a un campo de batalla de la segunda guerra mundial y morir aplastado por un T34 ruso, pero habiendo cobrado cara nuestra vida ? ¿Quién de nosotros no partiría inmediatamente si nos dijeran que los batallones del Führer han vuelto y nos necesitan? Aunque ya estemos viejos, aunque nuestro esfuerzo no alcanzara más que para desfilar orgullosos ante el Führer y nos acribillaran al primer segundo. ¿No moriríamos con la sonrisa en el rostro? ¿No moriríamos con la felicidad de HABER VIVIDO?

¡Qué destino más nefasto el nuestro: palidecer y envejecer recordando la Gran Guerra en la que no pudimos participar, la Gran Guerra que sentimos arder en nuestras venas pero que ya no podemos pelear!

Somos como un fuego artificial que no alcanzó a ser lanzado, que vio como sus camaradas se quemaron haciendo brillar la noche de los tiempos. Mientras nosotros maldecimos el amanecer que trae el nuevo día, el nuevo día que no hubiésemos querido ver porque nuestro destino bien amado era quemarnos en un fuego que incendiara el mundo.

Nuestra nostalgia no puede ser comprendida por nadie: ni amigos ni hijos ni parejas; porque nadie como nosotros maldice el día a día. Tal vez nos entenderían si les dijésemos que añoramos el Frente del Trabajo o las excelentes condiciones de vida en el Reich o las ceremonias en Nüremberg. Pero no, ni siquiera es eso lo que añoramos, lo que deseamos día a día es la muerte, la muerte heroica. ¿Quén entendería eso hoy, en una sociedad cobarde y que defiende la vida por la vida a todo trance?

Pero así parece haber sido siempre para el hombre ario. Siempre añorando el pasado como si su destino no estuviera contenido en el futuro. En este mundo decadente no queremos ni riquezas ni bienestar, queremos heroísmo, un heroísmo que ya no se puede dar pues la cobardía y el amariconamiento de la sociedad ha desterrado al héroe. ¿No dice una negra en una canción disco : “we don´t need another hero”?

Sólo el Ario siente este tipo de nostalgia. Algunos me dirán que el judío también añora su pasado y por eso lloran ante el muro de los lamentos. Pero no me convencen esos movimientos mecánicos, ese recitar robótico de las palabras del Talmud no representan nostalgia. El judío es el único que cifra sus esperanzas en el futuro pues Yahvé les prometió la Tierra. Es fácil comprobarlo, siempre verán a un judío defendiendo al futuro, la tecnología, el modernismo. Sus rostros se encienden cuando hablan de aldea global, de internet, etc. Sólo ellos y los vendidos a ellos añoran el futuro porque son seres de la Tierra que vendrá, la Terre Gasté, la Tierra desvastada por el hombre gusano, por la raza del pulgón de Nietzsche, aquella raza maldita que todo lo empequeñece.





Oh Führer, no me des nada, sólo una muerte heroica !!!


Welsung